Como cada inicio de ciclo escolar las listas eran nuevas y yo como de costumbre aun no me relacionaba con los rostros y los nombres de cada uno de los Jóvenes alumnos. Soy profesora de Teoría Social, en una escuela particular y procuro proyectar la imagen de ser alguien ordenado y que se desenvuelve con ética a cada momento, ese era uno de los por que, me habían recontratado en la escuela a la que tras de un año de ausencia me había reincorporado.
La escuela es pequeña, no mas de 10 aulas, por lo que la vigilancia de prefectos y directivos es exagerada y las exigencias para estar dentro de la plantilla son demasiadas, eso nunca había sido un problema para mi, ya que había logrado tener un equilibrio entre: trabajo, relaciones humanas con mis compañeros y trato hacia mis alumnos.
La idea este ciclo escolar era ser una de las mejores, y que no hubiera quejas de mi trabajo o mi persona. Así que, durante una semana completa (inicio de curso) procure presentarme como una maestra relativamente exigente, sin caer en la presunción.
Todo parecía estar bien, los grupos con los que me tocaba trabajar no eran grandes (apenas 20 alumnos), por lo que el ciclo pintaba relativamente tranquilo, pero para sorpresa mía, el día Viernes al dar el ultimo nombre, se escucho del rincón del salón, una voz que decía “Falto yo...” (ese era Matt).
Recuerdo que nisiquiera me levante, fue una reacción mas de molestia que de interés la que me invadió ante el escuchar esa voz. Lo único que hice fue decirle con voz grosera y altanera: “Y Usted que se cree”, “Andaba de gira artística o que?”, “Vallase de aquí”, por acá ya somos muchos, nisiquiera lo había visto, pero el simple tono de apatía con el que me había hablado me hacia entender que seria una persona no grata en mi clase.
Le pregunte su nombre e hice que se levantara de su lugar para que viniera al escritorio y pudiera escucharlo claramente; “YA VALLASE”, “YA SOMOS MUCHOS”, le repetí en varias ocasiones (y admito que lo dije de corazón), como si de alguna manera yo supiera todas las complicaciones que me traería el que el que se quedara a mi lado, el grupo completo solo se sonrió y pensaron que era una broma mas de la Profesora.
Así, transcurrieron los días y el con ello el avance del curso, recuerdo que se acercaron evaluaciones bimestrales, y yo día con día me volvía mas apática. El ambiente en el que desenvolvía era de esos que se conocen como normativos, director “sugiere”, profesor... “acata”, alumno... “obedece”. Yo era de esas típicas profesoras que cumplen con los requerimientos de la escuela e inclusive, aunque se decía que era de las mas activas, lo triste es que todo eso no era en función de mi agrado, sino siempre pensando en que era lo que le interesaría a la dirección que le presentara como nuevo proyecto (recuerdo que esos dias fueron charlas eternas con mi esposo, mientras me lamentaba de lo mal que me sentia de las exigencias y del ritmo acelerado de trabajo al que nuevamente me estaba incorporando).
A ese punto, había que agregarle el hecho de que independientemente de todo, mi amistad con la directora técnica era presente, y que en realidad admito que regrese a esa escuela mas por ella que por agrado al sistema, yo era una persona común y corriente: revisando mis cuadernos, calificando tareas y pasando lista seria y meticulosamente; el pizarrón siempre tenia fecha y mis apuntes estaban en regla, en realidad parecía alguien de flojera, pero me mostraba atenta a mi labor.
En casa por su parte, mi vida parecía normal, las labores domesticas los domingos, rentar una pelicula y desayuno en la cama, un esposo que me cuidaba y una vida familiar que lejos de parecer monótona, era parte importante del ir y venir cotidiano.
Mis alumnos me toleraban, yo era una maestra estricta y que siempre quería trabajar, se escribía poco, la clase era comentada y al parecer todo pintaba para un buen promedio.
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